jueves, 9 de abril de 2009

La extraña realidad de la minería como fantasía colonial Horacio Machado




Sobre mitos, sueños y fantasías.
La extraña realidad de la minería como fantasía colonial
Horacio Machado



Foto: La Mejicana, antiguo emprendimiento inglés minero, Famatina, La Rioja (Foto: GEMSAL)
“Los sueños y las pesadillas están hechos de los mismos materiales,
pero esta pesadilla dice ser nuestro único sueño permitido: un modelo de desarrollo que desprecia la vida y adora las cosas…”
(Eduardo Galeano, “Patas Arriba. La escuela del mundo al revés”)



La asociación de ‘minería’ con ‘desarrollo’ constituye, qué duda cabe, uno de los ‘argumentos’ predilectos del discurso oficial minero, esto es, el discurso que sostienen los cómplices y partícipes del gran negociado minero: entre otros, mercaderes del conocimiento que circulan impunemente entre lo público y lo privado, funcionarios ‘desprevenidos’ y/o inescrupulosos, y comerciantes diversos del rubro.

Develar que hay detrás de esta engañosa identificación entre ‘minería’ y ‘desarrollo’ nos lleva a lo más profundo y complejo de las implicaciones de la minería moderna y contemporánea para nuestros pueblos, culturas y territorios: la cuestión del colonialismo y la de la colonialidad.

Prácticamente inescindibles, colonialismo y colonialidad refieren a dos aspectos diferenciables de un mismo y único fenómeno histórico-geográfico: el de la expansión imperial de Occidente y la conquista colonial del mundo operada por esta (La) ‘civilización’. La minería, con su pasado y su presente, con su larga historia de sacrificios realizados en pos del progreso moderno y su vigente actualidad estratégica como base extractiva del consumismo-para-pocos, puede resultar un interesante ejemplo para anclar sobre concreto las referencias a ambas dimensiones del mundo colonial.

Atendiendo, por un lado, a la trayectoria histórica, es posible ver las conexiones necesarias entre minería moderna y colonialismo. En efecto, desde los orígenes de la Era Moderna, una y otro han surgido y se han ‘desarrollado’ a través de un estrecho vínculo necesario: desde la dominación colonial clásica impuesta por España y Portugal entre los siglos XVI y XVIII, siguiendo por el dominio comercial y ‘diplomático’ ejercido por Gran Bretaña en el siglo XIX, hasta el control imperial indirecto ejercido por Estados Unidos, primero a través de sus grandes corporaciones transnacionalizadas, luego a través del andamiaje institucional del orden global creado desde Washington (FMI, BM, GATT-OMC, etc.), nuestras poblaciones y territorios han sido incorporados subordinadamente a la ‘economía mundial’ como proveedores de materiales y energía ‘baratos’, muy baratos, en realidad, subsidiando con el trabajo esclavo y cuasi-esclavo y con la expoliación ambiental de nuestros territorios, el ‘desarrollo’ industrial – científico-tecnológico y militar de las ‘grandes potencias’ mundiales.

Primero la plata y el oro a mano de ‘adelantados’ y ‘bandeirantes’; luego el salitre, el estaño y el plomo por parte de las compañías y la flota británica; más tarde el cobre, la bauxita y el resto de los metalíferos industriales por parte de las grandes corporaciones norteamericanas (luego también, canadienses y anglo-australianas), la historia de la minería moderna, para América Latina, ha sido la del despojo de sus materias primas[1] para abastecer el ‘desarrollo’ de las industrias modernas de los países del Norte, industrias que, por lo demás, surgieron y se expandieron bajo el formato tecnológico de la industria bélica y al amparo de los intereses militares de las ‘grandes potencias’.

Pero así como el pasado de la minería moderna devela el trayecto del colonialismo, la actualidad del nuevo ‘boom minero’ nos ayuda a dar cuenta de la colonialidad. Ahora, como entonces, asistimos a un nuevo ciclo de una vieja historia: la propaganda oficial que impulsa la avanzada de la gran minería transnacional sobre los bienes comunes de nuestro ambiente constituye uno de los más emblemáticos ejemplos de la colonialidad en nuestros días.

La colonialidad -condición naturalizada del colonialismo- da cuenta de cómo las históricas relaciones de explotación y saqueo sobre los cuerpos y los territorios que inauguraron el mundo moderno se asumieron como ‘lógicas’ y ‘normales’… Permite comprender cómo las diversas formas de ver-pensar-sentir el mundo fueron violentamente uniformizadas bajo la lógica única de la mirada colonial; lógica única que, justificando el expansionismo de los conquistadores y alimentando la fantasía desarrollista de los conquistados, crea un mundo nuevo, el mundo ‘patas arriba’ de nuestro tiempo…

En ese ‘mundo patas arriba’ de la mirada colonial, el discurso de la economía política ocupa un lugar fundacional y fundamental, discurso creador de la religión de nuestro tiempo, organizadora del culto sagrado que se le rinde a las cosas y al dinero, como representación y medida de ‘todas las cosas’. Al instalarse como patrón único de medición de ‘valor’, la lógica invertida del mundo del dinero ha dado lugar a la emergencia de una concepción de la economía en constante ‘crecimiento’ que hace caso omiso de los taxativos límites físicos del mundo natural; una maquinaria incesante de creación de ‘valores de cambio’ autojustificada en el imperativo de la acumulación y la ganancia infinita crecientemente realizada a costa de cada vez más gravosos sacrificios de Vida… Cegados por la veneración del culto al dinero, la producción y el consumo se han desentendido completamente de los valores de uso ligados al cuidado y la reproducción de la Vida.

En el lenguaje colonial del valor de cambio, el desarrollo se mide por el nivel de ingresos; la calidad de vida es sinónimo de consumo; el trabajo humano se reduce a la mera obtención de un empleo, intercambio forzado de la propia capacidad productiva a cambio de un ‘salario’, en condiciones variables de disciplinada subordinación…

En el marco de la creciente destrucción de los medios de vida que opera el avance del ‘impulso modernizador minero’, la dinámica expropiatoria del ‘desarrollo’ pone a las poblaciones ‘atrasadas’ en condiciones de disponibilidad frente al capital. Éste, con su promesa de generar empleos, exigirá los tributos más onerosos y el culto más absoluto a cambio de sus ‘favores’: la ‘inversión’ – la creación de ‘puestos de trabajo’… En las extorsivas condiciones de la incertidumbre por la sobrevivencia, las poblaciones se entregan incondicionalmente a los ‘favores’ del capital, implorando ‘puestos de trabajo’…

Poblaciones históricamente pauperizadas por largos y viejos ciclos de explotación; funcionarios y ‘dirigentes’ colonos, obnubilados por la fantasía colonial de ser como los que mandan, plagiando ad ridiculum sus formas y sus modos; oportunistas pusilánimes sin rumbo, dispuestos a cualquier costa a aprovechar el negocio… Tales suelen ser los escenarios y los actores que conforman el caldo de cultivo propicio para la expansión del gran negociado minero de nuestros días…

Más allá de todas las excusas, de todos los engaños y todas las falacias que envuelven el discurso oficial minero, finalmente éste prospera y avanza, en nuestros días, bajo el latiguillo recurrente de la promesa del ‘empleo’… Aunque probablemente ya todos los sabemos, aunque ni los propios propaladores del discurso oficial se tomen en serio sus palabras, al final, todo se justifica y todo se acepta ante la vaga promesa ‘salvífica’ de la ‘creación de puestos de trabajo’… Esa vaga promesa se desmorona, como lo que es -una fantasía colonial-, cuando nos ponemos a husmear en algunos ‘datos’ de la realidad, como les gusta decir a los predicadores del saber dominante…


Las patas cortas de las mentiras mineras: la ‘creación de empleos’.
El caso chileno: todo un ejemplo.

Actividad intensiva en bienes de la naturaleza si las hay, la minería resulta un ejemplo extremo del derrotero tecnológico de la industria moderna: a medida que el agotamiento de las reservas de bienes naturales se hace más evidente, las dimensiones y características de los procesos extractivos se tornan progresivamente más destructivas; las escalas requeridas para que los ‘emprendimientos’ resulten ‘rentables’ son cada vez más grandes y, consecuentemente, las mediaciones del trabajo demandadas para tales empresas se apoyan en ecuaciones que combinan dosis cada vez más altas de ‘trabajo muerto’ (capital) y cuotas mínimas de ‘trabajo vivo’ (empleos).

La ‘evolución’ de la minería moderna se resume en esa trayectoria tecnológica: cada vez más volúmenes de destrucción medioambiental por unidad de mineral recuperado; cada vez más altos ritmos de extracción y procesamiento y cada vez más energía y capital requeridos para sostener la ‘rentabilidad’ de la actividad extractiva… Paralela y proporcionalmente al aumento de la intensidad ambiental-energética y de capital de este tipo de explotaciones (nunca mejor usada esta palabra que en relación a la minería moderna), la cantidad de puestos de trabajo efectivos se reduce continuamente.

Tomemos, por caso, el ejemplo emblemático de Chile, país minero ‘por excelencia’, al que tanto le gustan adular como ‘modelo’ los gobernadores de nuestros ‘pagos’, los Gioja, los Beder Herrera, los Brizuela y otros más… Formateado al extremo como ninguno por los postulados del neoliberalismo, la redinamización reciente de las explotaciones mineras en Chile deja al desnudo la falacia de la minería como ‘creadora de empleos’. Los últimos tres lustros estadísticos de la minería en Chile muestran de forma contundente el incremento sideral de los volúmenes de explotación y extracción, y el de los valores de exportación, producidos a la par de una paralela caída en la cantidad absoluta y relativa del empleo minero.

En el Cuadro Nª 1 [ NO FUE POSIBLE INCLUIR LOS CUADROS, LOS INTERESADOS PEDIRLOS A LA DIRECCIÓN DEL BLOG]podemos ver la evolución de los volúmenes extraídos de los principales productos minero-metalíferos (cobre, plata, molibdeno y oro) en comparación con la evolución en el empleo en general, del empleo total en la actividad minera y la cantidad proporcional de los puestos en minería respecto a la ocupación total del país.

Los datos del cuadro permiten observar el fabuloso incremento en los volúmenes de mineral extraídos, del 45 % en el caso del oro, de más del 107 % en el de la plata, triplicándose en el caso del molibdeno y, más todavía, en el caso del cobre, cuyos volúmenes de 2004 representan un incremento de más del 240 % neto respecto de 1990. No obstante, pese a que la cantidad total de ocupados muestra también una variación positiva del orden del 39 %, la cantidad de empleos en el sector minero en general registra una caída superior al 30 % en el 2004 en relación a los puestos de 1990.

Esto significa que mientras los volúmenes de minerales extraídos han registrado un crecimiento promedio del 150 % entre 1990 y 2004, esto se ha producido en el marco de una pérdida neta de 18.490 puestos de trabajo. Con ello, la ya exigua participación de la minería en el total de ocupados del país se redujo drásticamente en más del 50 %, pasando del 1,34 % del total de ocupados en 1990 a sólo el 0,67 % en el año 2004.

Si tomamos en consideración las variaciones producidas sólo en el caso de la minería del cobre -el denominado ‘sueldo de Chile’- se pueden observar otras dimensiones de este mismo fenómeno. En el Cuadro Nª 2 se presenta una comparación entre la evolución de la producción y de los valores anuales de exportación con la del total de puestos de trabajo en la minería del cobre.


Este fenómeno se observa más claramente todavía cuando se analiza la evolución que en el período muestra la cantidad de cobre ‘producida’ por puesto de trabajo, que va de las 34,3 TM/puesto en 1990 a las 146 TM/puesto en el 2004, lo que en porcentajes, representa un incremento de más del 325 % en la capacidad de extracción por puesto de trabajo.

Ahora, influido por la evolución de la cotización del cobre durante el período analizado, el aumento de los valores totales exportados por la minería del cobre ha sido todavía superior al crecimiento de la capacidad extractiva. Entre 1990 y 2004, las exportaciones totales del sector cuprífero pasaron de 3,8 millones de dólares a más de 14,5 millones de dólares. Este incremento de más del 270 % es todavía mayor si se considera el valor de las exportaciones por puestos de trabajo, indicador que se acrecienta en más del 370 %, pasando de u$s 83,2/puesto en el ’90 a más de u$s 392/puesto en el año 2004.

Tratándose de una actividad eminentemente extractiva, completamente volcada al mercado externo y capital intensiva, la minería pone de manifiesto las ‘deformaciones estructurales’ que estas economías de enclave provocan en las estructuras productivas de países periféricos como los nuestros; en el caso del cobre chileno, éste representa más del 45 % del total de las exportaciones del país, aunque sólo el 7 % de su PBI y, como se vió, el 0,65 % del total de la población ocupada del país.

Como se trata de un mismo patrón tecnológico dominado por las pocas grandes compañías transnacionales que controlan el mercado a escala global, cabe inferir este mismo tipo de situaciones para todos los países que se embarquen en esta vía colonial del ‘desarrollo minero’: la cantidad de puestos de trabajo siempre será una mínima expresión de la ocupación total del país. No cabe ‘esperar’ de la minería a gran escala una ‘genuina’ solución al problema de la desocupación, tal como rezan los pregonadores del nuevo orden minero.


‘Y por casa, cómo andamos…?’

En el caso de nuestro país, tenemos ya el tristemente célebre caso de minera Alumbrera para verificar las consecuencias económicas de la minería transnacional con nuestras propias ‘evidencias empíricas’. La instalación de la minera en la provincia de Catamarca ha provocado la ‘extraña coincidencia’ de un récord en las exportaciones junto con un récord en el nivel de desempleo.

En los primeros cinco años de la explotación, entre 1997 y 2002, las exportaciones provinciales ‘saltaron’ de menos de 16 millones de dólares a más de 600 millones de dólares, de los cuales el 96 % correspondía sólo a las exportaciones de Minera Alumbrera. Al tiempo en que Catamarca se convertía en la primera provincia de exportaciones por habitante, las tasas de desocupación provincial crecían a ritmo más elevado que el promedio de la región del Noa y del promedio nacional.

Como lo muestra el siguiente gráfico, mientras que la tasa de desempleo provincial era inferior a la del Noa y a la tasa nacional, esto empieza a revertirse en el año 2000, evidenciando un nivel de desempleo de 3 y 4 puntos porcentuales por encima de la media regional y nacional respectivamente. En mayo de 2002, cuando las exportaciones mineras rompen la barrera de los 600 millones de dólares, la desocupación provincial llegaba al nivel del 25, 5 %.

EVOLUCIÓN COMPARADA DE LA TASA DE DESEMPLEO
CATAMARCA – NOA – TOTAL DEL PAÍS 1998-2002
Elaboración propia en base a datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos.

Por cierto, el ‘desarrollo minero’ no ha colaborado mucho con el objetivo de bajar el nivel de desempleo en la provincia minera por excelencia. A lo largo de su fase de explotación, Minera Alumbrera ha operado con 800 puestos de planta permanente y 1000 puestos de contratistas promedio. La cantidad de empleados en el sector minería durante este período fue de apenas el 0,8 % (Censo Nacional 2001) del total de ocupados de la provincia.

Claro, hay que decir, como siempre nos lo recalcan desde el discurso oficial minero, este análisis no toma en cuenta los puestos de trabajo indirectos que crea la minería, empleos que, aunque no son en labores mineras, no se habrían ‘creado’ de no ser por la demanda generada por la misma…

Lo cierto es que, aprovechando que no hay técnicas de medición fiables sobre este indicador, el tema de los puestos ‘indirectos’ ha servido para que los propaladores del discurso oficial minero intenten maquillar la exigua incidencia de la gran minería transnacional en la ocupación local multiplicando los puestos reales por tres, por cuatro y hasta por cinco veces, engrosando números para tapar con mitos las realidades…

Si bien sobre lo ‘cuantitativo’ no hay más que los poco fiables ‘multiplicadores’ que imaginan desde las secretarías públicas y las cámaras privadas del sector, sobre lo cualitativo del ‘empleo indirecto’ algo podemos decir los habitantes de este suelo catamarqueño, con el triste privilegio de ser pionero en este nuevo formato de saqueo, en base a nuestra experiencia vecinal…

Cuáles son los puestos de ‘trabajo indirectos’ solicitados por la actividad minera? Qué nuevos tipos de bienes y servicios se demandan por estos pagos? Qué categorías ocupacionales están ‘aprovechando’ el boom minero…? De eso algo sabemos, y podemos hacer una pequeña lista:
Transportistas de sustancias tóxicas…
Publicistas de diverso tipo, expertos en vender ilusiones; en lavar y crear ‘imágenes’ de empresas ‘verdes’ y ‘socialmente responsables’…
Abogados, hábiles como ninguno en ‘defender lo indefendible’…
Estudios contables y auditores especializados en construir balances a la medida de las tasas de rendimiento esperadas, a costa de las ya ‘legalmente’ recortadas obligaciones fiscales…
Constructores de obras con mucho cemento, muchas luces y carteles, para que luzcan los ‘beneficios’ de las regalías…
Arquitectos de nuevas cárceles para no ‘hacinar’ a los delincuentes de siempre; diseñadores de predios feriales para ‘mostrarnos al mundo’ y de ‘estadios de fútbol para soñar con un equipo provincial jugando en primera con el sponsoreo de la minera; iluminadores de catedrales y cuanto edificio público quepa para ‘atraer’ el turismo –ahora- del ‘mundo’…
Periodistas promineros de todos los medios (gráficos, audiovisuales, sanctos y non sanctos…); nuevos cronistas de indias, que cuentan, paso a paso y al detalle, las proezas y avances del ‘progreso’…
Técnicos de los más diversos tecnicismos, expertos expertísimos en el arte de los instrumentos, tan proporcionalmente ocupados al detalle de la eficacia de los medios, como ‘desinteresados’ y amnésicos por la cuestión de los fines…
Y, por cierto, guardias y servicios de seguridad públicos y privados, adaptables a requerimientos y condiciones represivas de distinto tipo; creativos para el ejercicio de la violencia en diferentes dosis y estilos, prestos a identificar y reducir las turbas y manifestaciones de los nuevos terroristas de nuestro tiempo…

Tales y no muchos más, suelen ser las categorías de ‘ocupados’ de los ‘puestos indirectos’ creados por la gran minería tóxica transnacional. Aunque poco y nada pueda decirse de la utilidad social de los ‘productos y servicios’ de sus trabajos, ellos engrosarán los inflacionados números de los ‘puestos creados’ y los ‘salarios pagados’ con tal de atemperar en algo las insalvables brechas entre las promesas y las realidades del tan mentado ‘empleo minero’.

Quedan, por cierto, fuera de la ‘contabilidad’ algunos pagos ‘en negro’ (con perdón de este recurso colonial del color) destinados a los mercaderes de la ‘cosa pública’, gestores estatales de intereses privados; jueces, fiscales y camaristas ocupados de los ‘delitos de siempre’ y desentendidos de los crímenes más siniestros, ingenieros avezados en construir la impunidad de los poderosos; y alguna que otra ‘limosna’ para los predicadores de la resignación eterna y bendecidores de las obras del ‘progreso’…

Estos también, en tanto pagos a servicios prestados, deberían contabilizarse entre los efectos ocupacionales indirectos a la economía local, ya que aún siendo no-registrables y no-publicables, no dejan de ser una partida importante en los ‘costos operacionales’ de las mineras…



Horacio Machado Aráoz
BePe – ASANOA Catamarca
Universidad Nacional de Catamarca
Marzo de 2009
[1] Nunca está demás recordar algunas cifras indicativas de la expoliación: según los registros de la Casa de Contratación de Sevilla, sólo entre 1503 y 1660 ingresaron a la Corona española 185 mil kilogramos de oro y 16 millones de kilogramos de plata, el equivalente a tres veces el total de las reservas europeas de la época. En el siglo XVIII, con la explotación del oro de Minas Gerais por los bandeirantes lusitanos, Portugal llegó a superar el volumen de oro extraído por España; de acuerdo a los registros británicos, en esa época llegaron a entrar al mercado de Londres 50 mil libras de oro brasileño por semana.
En la primera mitad del siglo XX, con el desarrollo de las industrias automotriz y eléctrica, el cobre se constituiría en el metal clave para el desarrollo industrial: en esa época, cuatro compañías estadounidenses (Kennecott Copper Co., Anaconda Mining Co., Calumet & Hecla y Phelps Dodge) controlaban el 56,2 % de la producción mundial de cobre y sus principales fuentes de reserva eran las minas de El Teniente y Chuquicamata, en Chile, y Toquepala, Cerro de Pasco y Quiruvilca, en Perú.




domingo, 8 de febrero de 2009

Los ciclos de los movimientos sociales


Raúl Zibechi


Foto: Archivo de imágenes Ger-Gemsal. www.ger-gemsal.org.ar


Los foros sociales mundiales, regionales y nacionales nacieron en un período de ascenso de las luchas sociales contra la primera fase del modelo neoliberal, como forma de establecer relaciones no jerárquicas ni centralizadas entre los más diversos movimientos del mundo. En buena medida sus éxitos se debieron a que, a diferencia de los movimientos antisistémicos del período anterior, no reprodujeron algunos de sus errores y afirmaron su autonomía de los partidos de izquierda y de los gobiernos progresistas, aunque mantengan fluidas relaciones con ellos.




Naturalmente, luego del ascenso vino el declive de la actividad pública de los movimientos, que se enfrentaron con escenarios políticos mucho más complejos en los que no siempre acertaron a ubicarse. En poco tiempo dejaron de ocupar, como en la década anterior, un lugar central en el tablero político. La llegada a los gobiernos de una camada de fuerzas y presidentes progresistas y de izquierda, gracias a la oleada de movilizaciones y resistencias que deslegitimaron el modelo neoliberal, contribuyó a desplazarlos del lugar que habían jugado en los '90. Como se señaló repetidamente en el reciente Foro Social Mundial en Belém, el papel de los movimientos fue y seguirá siendo relevante desde el punto de vista del cambio social, pese a que una buena parte de ellos hayan sido cooptados. Sin embargo, sería poco responsable culpar de ello sólo a una de las partes, ya que en el seno de los movimientos las tendencias a la subordinación han desplazado, en no pocos casos, las tendencias a la autonomía. Este debería ser uno de los ejes de los debates en el período actual.




El problema mayor que atraviesa el continente está, sin embargo, en otro lugar. Sería demasiado simplista asegurar que el neoliberalismo es cosa del pasado por el solo hecho de que el aparato estatal sea gestionado por fuerzas que enarbolan un discurso antineoliberal. El modelo inspirado en el Consenso de Washington, pese a la profunda crisis en curso y a la erosión de su credibilidad, está lejos de haber desaparecido. Luego de una primera fase anclada en las privatizaciones, la apertura de las economías y un conjunto de desregulaciones que redundaron en un debilitamiento del Estado, fue creciendo hasta hacerse hegemónica una segunda fase basada en la minería a cielo abierto, los monocultivos de soja y caña de azúcar para biocombustibles y el complejo forestación-celulosa.




Este tipo de emprendimientos muestra la hegemonía del capital financiero en el control de los recursos y bienes comunes, de tal magnitud que están rediseñando de arriba abajo las economías sudamericanas. Mientras la primera fase del modelo fue piloteada por gobiernos conservadores como los de Fernando Henrique Cardoso y Carlos Menem, esta segunda fase la comandan los gobiernos progresistas, lo que induce a confusión a numerosos analistas que se focalizan en el discurso de los gobernantes. Pero los movimientos no se han dejado seducir por los argumentos que hablan de un "posneoliberalismo". El MST de Brasil asegura una y otra vez que el agronegocio creció como nunca bajo el gobierno de Lula, desplazando a la agricultura familiar y expandiendo la frontera agrícola al punto de poner en peligro la sobrevivencia de la Amazonia.




En segundo lugar, se suelen omitir las contradicciones existentes aquí y ahora entre los gobiernos progresistas y los movimientos sociales. Por debajo del discurso de Rafael Correa, en Ecuador se despliega una durísima batalla de los movimientos indígenas contra la minería a cielo abierto apoyada con entusiasmo por los mismos que hablan de "socialismo del siglo XXI". La huelga y movilización del 20 de enero para impedir la aprobación de la Ley Minera se saldó con decenas de heridos y detenidos en el marco de una represión no muy diferente de la que ejercían gobiernos anteriores. La compacta defensa de Correa de una actividad como la minera, que es punta de lanza del neoliberalismo actual, pone en negro sobre blanco los límites del progresismo de la región.




La debilidad por la que atraviesan los movimientos no permite concluir que ahora sean los gobiernos la punta de lanza contra el neoliberalismo o los hacedores del cambio social. Es cierto que el progresismo ha reforzado el papel del Estado en la economía, frenó las privatizaciones cuando ya queda poco por privatizar, promueve políticas sociales más ambiciosas y busca regular algunos aspectos de la actividad económica. Pero en modo alguno puede decirse que se esté procesando una ruptura con el modelo, quizá con la excepción de Bolivia. Pese a estos cambios, la "acumulación por desposesión", que es el núcleo del neoliberalismo, sigue intacta como lo demuestran la creciente concentración de riqueza y la depredación del medio ambiente. Será imposible salir del modelo sin mediar una profunda crisis política, ya que las fuerzas interesadas en mantenerlo han acumulado mucho poder material y mediático y cuentan con amplios apoyos sociales que abarcan capas nada despreciables de los asalariados.




En los períodos de repliegue de la movilización social suelen tejerse en la sombra los lazos de las futuras acciones que conformarán nuevos ciclos de lucha. Así sucedió en los oscuros primeros años de la década de 1990, y es muy probable que ahora esté sucediendo algo similar. Cuando la acción social vuelva a desplegarse con todo su vigor, serán los gobernantes progresistas los que deberán tomar su lugar de un lado u otro de las barricadas. Porque en el próximo ciclo de luchas serán, en buena medida, el blanco de la actividad de los movimientos sociales.

Desarrollo, democracia y asambleas en movimiento

Norma Giarracca

Foto: Archívo de imágenes Ger-Gemsal: www.ger-gemsal.org.ar


La discusión acerca de cuánto contaminó ayer u hoy Botnia con sus dioxinas y furanos, La Alumbrera con su cianuro o Monsanto con su glifosato malsano no es lo central para quienes pensamos que el problema no reside en estas mediciones, sino en el modelo de desarrollo que se impuso (dictaduras mediante) y que ninguno de los gobiernos elegidos por esta democracia representativa estuvieron dispuestos a modificar en lo esencial. Por eso es necesario relacionar estas cuestiones que casi siempre aparecen separadas: qué modelo de desarrollo con qué democracia. Y quiénes los cuestionan.




El concepto "desarrollo" tiene mala prensa y algunos pensadores proponen incluso desterrarlo del acervo lingüístico de los nuevos pensamientos críticos. No se lo puede desligar del colonial sentido evolucionista que establece estadios para alcanzar la meta que sólo unos pocos países lograron a costa del saqueo de otros territorios y poblaciones. El "desarrollo" siempre fue presentado como esa meta imposible para nosotros en tanto carecemos de algo, somos gente sin algún atributo como consecuencia de "la raza", "la cultura", "la educación", "el clima" o cualquier cosa que nos hace indefinidamente "subdesarrollados".En los tiempos posteriores a la segunda posguerra hubo un período en que la ilusión del desarrollo parecía hacerse realidad y los mercados laborales se habían convertido en dispositivos de inclusión dentro de sistemas de desigualdad parcialmente corregibles (pensemos en los gobiernos del primer peronismo) y un horizonte de derechos sociales fijado por el movimiento obrero, que justificaba la apuesta "desarrollista".




Pero esos tiempos cambiaron (gobiernos militares represivos mediante) y lo que resulta difícil de comprender es cómo, con las características que la organización económica del capitalismo neoliberal ha asumido actualmente, se insiste en el mito. Hoy el "paradigma desarrollista" que se ofrece a través del gran aparato comunicador mediático es inequitativo, socialmente excluyente, generador de muy pocos ricos que son muy ricos y muchos pobres que son muy pobres; y, además, es devastador de los recursos naturales que representan la principal riqueza por la que el mundo globalizado disputa.Ramón Grosfoguel, uno de los críticos del desarrollo, sostiene que para el pensamiento capitalista/colonial/moderno los pueblos fuera de los centros de poder están siempre en una situación de carencia: pasamos de ser "gente sin escritura" a "gente sin historia" y cuando llegamos al siglo XX pasamos a ser "gente sin desarrollo" y más recientemente "gente sin democracia". Y siempre hubo un "gran otro" dispuesto a suplir esas carencias por nosotros y a proponernos modos de conocer(nos), imponiendo epistemes y produciendo verdaderos "epistemicidios" con otras formas de conocimiento que sustentaban otras formas de vida. En América latina la caracterización de "gente sin democracia" –como señalamiento que apunta a los países asiáticos y africanos– no es necesaria por ahora, porque existen democracias dóciles y obedientes al mandato de estos poderes económicos. Y aquellas que se animan a desconocerlo corren el peligro de caer en tales categorías (sólo escuchar atentamente la CNN para percibirlo).




Las "democracias representativas" están cuestionadas por quienes sufren en carne propia, en su vida cotidiana, en la salud o seguridad de sus hijos las consecuencias de este "desarrollo" y por otras personas que nos sentimos identificadas con estas luchas. Porque "en nuestro nombre" se habilitan legislaciones criminales para sustentarlo; "en nuestro nombre" se sacan leyes que permiten y subsidian actividades como la minería, se cambian otras que la prohibían; se veta una ley que protege a los glaciares; o "en nuestro nombre" se habilitan situaciones diarias que violentan un básico sentido del "buen vivir".




Muchas de las poblaciones que rechazan estos desarrollos desconfían de la "representación"; desconfían de los partidos políticos y de las instituciones y proponen organizarse en las difíciles formas asamblearias como dispositivo de decisión practicando modos de democracia directa. Por supuesto que no se adjudican la representación del país sino que usan su pequeño espacio generado por la acción colectiva para pensar problemas que nos atañen a todos y, con la ayuda de los medios de comunicación y de otros actores, los ponen en la agenda de discusión pública. Porque la contaminación, la depredación de bosques, de glaciares, de la tierra, el modelo sojero que sustituye a una agricultura de alimentos, la contaminación de los ríos, son problemas de todos, no sólo de los grupos en resistencia.Muchos de quienes critican este "de-sarrollo", así como la degradación irreversible de las formas de representación política en todos los niveles, cuestionan radicalmente el mundo en que vivimos hoy aunque no sepan muy bien cómo ir construyendo su reemplazo. Y ésta es la mejor expresión del pensamiento crítico de nuestro tiempo: el que se permite actuar sobre lo que aún no existe, imaginarse una economía del buen vivir o formas de democracia directa, democracias pluriétnicas o un "mandar obedeciendo" e ir actuando en consecuencia. Un pensamiento que no propone subordinar la novedad a las viejas formas institucionales existentes y mantiene una sana indignación que suscita impulsos para teorizar y acompañar las nuevas experiencias.

El año del futuro


Boaventura de Sousa Santos


Imagen: Foro social mundial. Belem do Pará 2009. En: www.prensadefrente.org


Los grandes medios de comunicación divulgaron hasta la saciedad el diagnóstico de la situación internacional elaborado por el Foro Económico Mundial (FEM) en su reunión de este año. Es un diagnóstico sombrío que coincide en muchos puntos con los diagnósticos elaborados por el Foro Social Mundial (FSM) en sucesivas ediciones desde 2001. No importa saber si el FSM tuvo razón antes de tiempo o si el FEM tiene razón demasiado tarde. Interesa, sí, reflexionar sobre el hecho de que el FSM no ha tenido la influencia o ejercido la presión que se desearía sobre quienes están encargados de formular políticas. En parte, esto se debe a una elección del FSM: ser un espacio abierto a todos los movimientos y organizaciones que luchan de forma pacífica por otro mundo posible, sin dejar que tal apertura resulte comprometida por decisiones políticas, nunca posibles de obtener por consenso. Siempre sostuve que esta opción, siendo acertada, no debía asumirse de manera dogmática. Debería ser posible identificar, en cada momento histórico, un pequeño conjunto de temas sobre los cuales generar un gran consenso. Sobre ellos, el FSM, en tanto tal, debería tomar una posición que sería asumida por todos los movimientos y organizaciones que participan en él, originando así agendas parciales pero consistentes de políticas nacionales-globales.


Los acontecimientos que marcan el inicio de 2009 parecen darle la razón a esta posición. Se trata de acontecimientos tan importantes que, si el mundo no puede conocer la posición del FSM sobre ellos, es de prever que el FSM corra el riesgo de volverse irrelevante. Paso a mencionar algunos de esos sucesos.La tragedia de Gaza. Quedó demostrado que, durante la más reciente invasión de Israel a la Franja de Gaza, se cometieron crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. ¿Qué consecuencias extrae el FSM de este hecho? ¿Qué medidas propone para que estos crímenes no queden impunes?


¿China o Sumak Kawsay? Es verdad que el neoliberalismo no resultó muerto por el activismo del FSM. Se suicidó. Esto se manifiesta en las pseudo soluciones que aparecen para el desastre. Una cosa es segura: los ciudadanos del mundo saben cómo protegen los Estados a los bancos, sólo que no saben cómo protegen a las personas. Sobre las muchas dimensiones de la crisis, el FSM tiene una reflexión consistente. Pero, ¿cuál es la posición del FSM? Por un lado, las economías centrales le imploran a China que "fuerce" a sus ciudadanos a consumir, aun sabiendo que si sus niveles de consumo llegasen a los de Europa y América del Norte se necesitarían tres planetas para garantizar la sustentabilidad del único planeta que tenemos. Por otro lado, en los antípodas de esta propuesta, el notable protagonismo de los pueblos originarios del continente americano hizo posible que sus concepciones de un desarrollo en armonía con la naturaleza se consagraran en las constituciones de Bolivia y de Ecuador. Se trata del principio de "vivir bien", el Sumak Kawsay de los quechuas y el Suma Qamaña de los aymaras. ¿De qué lado está el FSM?


Cuba: ¿cincuenta años de futuro? La Revolución Cubana celebra este año su cincuentenario. Europa y América del Norte podrían ser lo que son hoy sin la Revolución Cubana, pero no puede decirse lo mismo de América latina, Africa y Asia, o sea, de las regiones donde vive el 85 por ciento de la población mundial. Cuba desea la solidaridad crítica del mundo progresista para superar una situación que, de no cambiar, es inviable en tanto solución socialista. ¿Dónde está la solidaridad del FSM? ¿Dónde está la crítica?


El Comando Africa (Africom). En la política de varios países africanos comenzó a ser visible la interferencia del Comando Africa, recién creado por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos. Es de prever y de temer una creciente tensión militar en el continente. ¿Será éste un tema donde el FSM pueda tener razón a tiempo y dar a conocer al mundo su posición?


El fin del 11 de septiembre. ¿Qué tiene en común la decisión del presidente Obama de cerrar la prisión de Guantánamo y suspender los juicios con la decisión del ministro brasileño Tarso Genro de conceder asilo al ex militante de izquierda Cesare Battisti? Son dos valientes decisiones de los gobiernos de dos países importantes (el primero en declinación, el segundo en ascenso) que le señalan al mundo que el vértigo por la seguridad que asoló al mundo después del 11 de septiembre de 2001 llegó a su fin. La mejor política de seguridad ciudadana pasa por la primacía del derecho y la profundización de la democracia. La "justicia de excepción" es a la justicia lo que (sin ofender) la música militar es a la música clásica. El mundo tiene derecho a saber qué medidas va a tomar el FSM para apoyar las decisiones de estos gobiernos que, como es de esperar, tendrán sus detractores.


Traducción: Javier Lorca.

martes, 20 de enero de 2009

ABYA YALA O DESCOBRIMENTO DA AMERICA, C.W. Porto Gonçalves (en portugués . en español)






Carlos Walter Porto‑Gonçalves
(Traducción Javier Lorca y Jorge Montenegro)


Enrique Dussel (Dussel, 1993) ya nos había advertido que el denominado "descubrimiento de América" fue, en verdad, el encubrimiento de los pueblos que aquí habitaban. Abya Yala es, así, el verdadero descubrimiento de América. Es lo que veremos en este artículo.
En la lengua del pueblo Kuna, Abya Yala significa "tierra madura", "tierra viva" o "tierra en florecimiento" y es sinónimo de América. El pueblo Kuna es originario de Sierra Nevada, en el norte de Colombia, habitó la región del Golfo de Urabá y las montañas de Darien, y actualmente vive en la costa caribeña de Panamá, en la Comarca de Kuna Yala (San Blas). Abya Yala se viene usando como una autodesignación de los pueblos originarios del continente en contraposición a América, expresión que, aunque usada por primera vez en 1507 por el cosmólogo Martin Wakdseemüller, sólo se consagra desde fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX como un medio de las élites criollas para afirmarse en contraposición a los conquistadores europeos dentro del proceso de independencia. Aunque los diferentes pueblos originarios que habitan el continente atribuyeran nombres propios a la regiones que ocupaban ‑Tawantinsuyu, Anauhuac, Pindorama‑, la expresión Abya Yala es cada vez más usada por los pueblos originarios del continente objetivando la construcción de un sentimiento de unidad y pertenencia. Pese a que algunos intelectuales, como el sociólogo catalán‑boliviano Xavier Albó, ya habían utilizado la expresión Abya Yala en contraposición a la designación consagrada de América, la primera vez que la expresión fue explícitamente usada con ese sentido político fue en la II Cumbre Continental de los Pueblos y Nacionalidades Indígenas de Abya Yala, realizada en Quito en 2004. Nótese que en la I Cumbre, realizada en México en el año 2000, la expresión Abya Yala aún no era invocada, como se puede leer en la Declaración de Teotihuacán, cuando se presentan como "los Pueblos Indígenas de América reafirmamos nuestros principios de espiritualidad comunitaria y el inalienable derecho a la Autodeterminación como Pueblos Originarios de este continente". A partir de 2007, sin embargo, en la III Cumbre Continental de los Pueblos y Nacionalidades Indígenas de Abya Yala, realizada en Iximche, Guatemala, no sólo se autoconvocan como Abya Yala, sino que también resuelven constituir una Coordinación Continental de las Nacionalidades y Pueblos Indígenas de Abya Yala "como espacio permanente de enlace e intercambio, donde converjan experiencias y propuestas, para que juntos enfrentemos las políticas de globalización neoliberal y luchar por la liberación definitiva de nuestros pueblos hermanos, de la madre tierra, del territorio, del agua y de todo patrimonio natural para vivir bien". Poco a poco, en los diferentes encuentros del movimiento de los pueblos originarios, el nombre América va siendo sustituido por Abya Yala, indicando así no apenas otro nombre, sino también la presencia de otro sujeto enunciador del discurso, hasta aquí callado y subalternizado en términos políticos: los pueblos originarios.
La idea de un nombre propio que abarcara todo el continente se impuso a esos diferentes pueblos y nacionalidades cuando comenzaron a superar el largo proceso de aislamiento político a que se vieron sometidos tras la invasión de sus territorios en 1492, con la llegada de los europeos. Junto con Abya Yala hay todo un nuevo léxico político que también se viene construyendo, donde la propia expresión "pueblos originarios" gana sentido. Esa expresión afirmativa fue la que esos pueblos en lucha encontraron para autodesignarse y superar la generalización eurocéntrica de "pueblos indígenas". A fin de cuentas, antes de la llegada de los invasores europeos, en el continente había una población estimada de entre 57 y 90 millones de habitantes que se distinguían como maya, kuna, chibcha, mixteca, zapoteca, ashuar, huaraoni, guarani, tupinikin, kaiapó, aymara, ashaninka, kaxinawa, tikuna, terena, quéchua, karajás, krenak, araucano/mapuche, yanomami, xavante, entre tantos y tantas nacionalidades y pueblos originarios del continente. La expresión "indígena" es, en ese sentido, una de las mayores violencias simbólicas cometidas contra los pueblos originarios de Abya Yala en la medida en que es una designación que hace referencia a las Indias, o sea, a la región buscada por los negociantes europeos a fines del siglo XV. La expresión "indígena" ignora, así, que esos otros pueblos tenían sus propios nombres y su propia designación para sus territorios. Paradójicamente, la expresión "pueblos indígenas", en la misma medida en que ignora la differentia specifica de esos pueblos, contribuyó a unificarlos no sólo desde el punto de vista de los conquistadores/invasores, sino también como una designación que, en principio, servirá para constituir la unidad política de esos pueblos por sí mismos, cuando comienzan a percibir la historia común de humillación, opresión y explotación de su población y la dilapidación y devastación de sus recursos naturales.
Abya Yala se configura, por lo tanto, como parte de un proceso de construcción político‑identitario en el que las prácticas discursivas cumplen un papel relevante de descolonización del pensamiento, y que ha caracterizado al nuevo ciclo del movimiento "indígena" cada vez más como un movimiento de los pueblos originarios. La comprensión de la riqueza de los pueblos que viven aquí hace miles de años y del papel que tuvieron y tienen en la constitución del sistema‑mundo ha alimentado la construcción de ese proceso político‑identitario.
Considérese, por ejemplo, que hasta la invasión de Abya Yala (América) Europa detentaba un papel marginal en los grandes circuitos mercantiles, que tenían en Constantinopla uno de sus lugares centrales. La toma de esa ciudad por los turcos, en 1453, propició la búsqueda de caminos alternativos, sobre todo por parte de los grandes negociantes genoveses, que encontraron apoyo político entre las monarquías ibéricas y en la Iglesia Católica Romana. Desde entonces, circuitos mercantiles relativamente independientes en el mundo pasan a estar integrados e incluso se constituye el circuito Atlántico con la incorporación del Tawantinsuyu (región hoy ocupada por Perú, Ecuador y Bolivia, principalmente), del Anahuac (hoy México y Guatemala, principalmente), de las tierras guaraníes (envolviendo parte de Argentina, Paraguay, sur de Brasil y Bolivia, principalmente) y Pindorama (nombre con que los tupí designaban a Brasil). El carácter periférico y marginal de Europa era tal que la expresión "orientarse" (ir hacia el oriente) indicaba la relevancia de Oriente en la época. Así, es con la incorporación de los pueblos de Abya Yala y con su sometimiento político, junto con el tráfico y la esclavización de los negros africanos traídos a este continente, que se crea la oportunidad para la centralidad de Europa. En resumen, el surgimiento del sistema mundo moderno se da junto con la construcción de la colonialidad. Se trata, por lo tanto, de un sistema mundo moderno‑colonial. Y ese carácter contradictorio inscrito en el sistema mundo moderno, que busca olvidar su carácter también colonial, es lo que los pueblos originarios de Abya Yala vienen buscando explicitar en la lucha "por la liberación definitiva de nuestros pueblos hermanos, de la madre tierra, del territorio, del agua y de todo patrimonio natural para vivir bien".
De este modo, la descolonización del pensamiento se vuelve central para los pueblos originarios de Abya Yala. Como bien señaló Luis Macas, de la Coordinadora de las Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), "nuestra lucha es epistémica y política", donde cumple un papel fundamental el poder de designar lo que es el mundo. Varios intelectuales vinculados a las luchas de los pueblos de Abya Yala han señalado el carácter etnocéntrico inscrito en las propias instituciones, incluso en el Estado Territorial, cuyo eje estructurante está en la propiedad privada y cuyo fundamento se encuentra en el Derecho Romano. A pesar de su origen regional europeo, los fundamentos del Estado Territorial, incluso la idea de espacios mutuamente excluyentes, como la propiedad privada, han sido impuestos al resto del mundo como si fueran universales, ignorando las diferentes formas de apropiación de los recursos naturales que predominaban en la mayor parte del mundo, casi siempre comunitarias y no mutuamente excluyentes. En América Latina, el fin del colonialismo no significó el fin de la colonialidad, como afirmó el sociólogo peruano Aníbal Quijano, explicitando el carácter colonial de las instituciones que sobrevivieron tras la independencia y que ilumina la declaración de Evo Morales Ayma al asumir la presidencia de la República de Bolivia, en 2006, cuando afirmó que era "preciso descolonizar el Estado". Para que no se piense que se trata de una afirmación abstracta, debe recordarse que los concursos de oposición para funcionarios públicos en ese país eran realizados exclusivamente en lengua española, cuando aproximadamente el 62 por ciento de la población piensa en quechua, aymara y guaraní, las lenguas que hablan predominantemente en su vida cotidiana. En países como Guatemala, Bolivia, Perú, México, Ecuador y Paraguay, así como en ciertas regiones de Chile (en el sur, donde viven aproximadamente un millón de araucanos/mapuches), de Argentina (el Chaco norteño) y de la Amazonia (brasileña, colombiana y venezolana), el carácter colonial del Estado se hace presente con todo su peso. El "colonialismo interno", expresión consagrada por Pablo González Casanova, se muestra actual, en tanto historia de larga duración actualizada. No es raro que esas regiones sean objeto de programas de desarrollo, casi siempre para (des)arrollar, de modernización, casi siempre de colonización (de hecho, esas expresiones casi siempre son sinónimos).
La elección del nombre Abya Yala por los kuna recupera la lucha por la afirmación de sus territorios, de la que ellos fueron pioneros con su revolución de 1925, consagrada en 1930 en el derecho de autonomía de la Comarca de Kuna Yala, con sus 320.600 hectáreas de tierras, más las aguas vecinas del archipiélago de San Blas. La lucha por el territorio se configura como una de las más relevantes en el nuevo ciclo de luchas del movimiento de los pueblos originarios que se delinea a partir de los años '80 del siglo pasado (Myskitos en Nicaragua) y que logra su mayor expresión en los años '90 y a comienzos del nuevo siglo, revelando cambios profundos tanto del punto de vista epistémico como político.
En ese nuevo ciclo de luchas, se produce un desplazamiento de la lucha por la tierra en tanto medio de producción, característico de un movimiento que se construyó en torno a la identidad campesina, hacia una lucha por el territorio. Las grandes Marchas por la Dignidad y por el Territorio de 1990, que fueron movilizadas en Bolivia y en Ecuador con estructuras organizacionales independientes, son hitos de ese nuevo momento. "No queremos tierra, queremos territorio", es la síntesis expresada en un cartel boliviano. Así, más que una clase social, lo que se ve en construcción es una comunidad etnopolítica, o sea, el indigenato (Darcy Ribeiro) constituyéndose como sujeto político. Considérese que fue fundamental para esa emergencia la tensa lucha del pueblo miskito en el interior de la Revolución Sandinista, en Nicaragua (1979-1989), por la afirmación de su derecho a la diferencia y a la demarcación de sus territorios, y que, pese a todo el desgaste que generó aquella experiencia revolucionaria, en gran medida por la colonialidad presente entre las corrientes políticas e ideológicas que la lideraron, nos legó una de las más avanzadas legislaciones sobre los derechos de autonomía de los pueblos originarios, tal como nos informa Héctor Díaz-Polanco.
El levantamiento zapatista del 1º de enero de 1994 daría enorme visibilidad a ese movimiento que, aunque de modo desigual, se extiende por todo el continente al mostrar, por primera vez en la historia, que los pueblos originarios comienzan a dar respuestas más que locales/regionales a sus demandas, sin dejar de ser locales/regionales. El protagonismo de este movimiento ha sido importante en la lucha por la reapropiación de sus recursos naturales, como se puede ver en 2000, en Cochabamba, en la Guerra del Agua y, en 2005, en la Guerra del Gas, ambas en Bolivia, pero también entre los araucanos/mapuche, en Chile, en la lucha por la reapropiación del río Bio Bio, amenazado por la construcción de centrales hidroeléctricas, o aun en las luchas contra la explotación petrolera en el Parque Nacional de Yasuny, en la Amazonia ecuatoriana, y la frontera colombiano-venezolana, entre tantos otros ejemplos. Ese movimiento ha sido fundamental también en la lucha por la preservación de la diversidad biológica, en gran medida asociada a la diversidad cultural y lingüística. La dimensión territorial del movimiento se exhibe, asimismo, en su protagonismo ante las nuevas estrategias supranacionales de territorialización del capital, como en los casos del Nafta, el Alca y los Tratados de Libre Comercio (TLCs). El movimiento zapatista lo explicitó mejor que cualquier otro al hacer emerger al México Profundo, se podría decir a la "América Profunda", precisamente el día en que se firmaba el Nafta. El protagonismo del movimiento de los pueblos originarios también fue importante en la lucha contra el Alca y contra los TLCs que siguieron a la derrota del Alca. Como puede verse, la lucha por el territorio asume un carácter central y una perspectiva teórico política innovadora en la medida en que la dimensión subjetiva, cultural, resulta aliada a la dimensión material -agua, biodiversidad, tierra-. Territorio es, de esta manera, naturaleza + cultura, como insisten el antropólogo colombiano Arturo Escobar y el epistemólogo mexicano Enrique Leff, y la lucha por el territorio se muestra con todas sus implicaciones epistémicas y políticas. Cuando observamos las regiones de nuestro continente que contienen la mayor riqueza en biodiversidad y en agua, podemos ver cuán estratégicos son esos pueblos, y cada vez más tienden a ser, ante las nuevas fronteras de expansión del capital (Díaz-Polanco, Ceceña y Ornelas).
Abya Yala se posiciona así como un atractor (Prigogine) en torno al que otro sistema puede configurarse. Eso es lo que los pueblos originarios están proponiendo con ese otro léxico político. No olvidemos que dar nombre propio es apropiarse. Es hacer propio un espacio a través de los nombres que se atribuyen a ríos, montañas, bosques, lagos, animales y plantas; por ese medio, un grupo social se constituye como tal, constituyendo sus mundos de vida, sus mundos de significación y convirtiendo un espacio en su espacio: un territorio. El lenguaje territorializa y, de esa manera, se revela una tensión de territorialidades entre América y Abya Yala.

VERSION PORTUGUES


Enrique Dussel (Dussel, 1993) já nos havia alertado que o que foi chamado descobrimento da América foi, na verdade, o encobrimento dos povos que aqui habitavam. Abya Yala é, assim, o verdadeiro descobrimento da América, é o que veremos neste artigo.
Abya Yala na língua do povo Kuna significa “Terra madura”, “Terra Viva” ou “Terra em florescimento” e é sinônimo de América. O povo Kuna é originário da Serra Nevada no norte da Colômbia tendo habitado a região do Golfo de Urabá e das montanhas de Darien e vive atualmente na costa caribenha do Panamá na Comarca de Kuna Yala (San Blas). Abya Yala vem sendo usado como uma autodesignação dos povos originários do continente como contraponto a América expressão que, embora usada pela primeira vez em 1507 pelo cosmólogo Martin Wakdseemüller, só se consagra a partir de finais do século XVIII e inícios do século XIX por meio das elites crioulas para se afirmarem em contraponto aos conquistadores europeus no bojo do processo de independência. Muito embora os diferentes povos originários que habitam o continente atribuíssem nomes próprios às regiões que ocupavam – Tawantinsuyu, Anauhuac, Pindorama – a expressão Abya Yala vem sendo cada vez mais usada pelos povos originários do continente objetivando construir um sentimento de unidade e pertencimento. Embora alguns intelectuais, como o sociólogo catalão-boliviano Xavier Albó, já houvessem utilizado a expressão Abya Yala como contraponto à designação consagrada de América, a primeira vez que a expressão foi explicitamente usada com esse sentido político foi na II Cumbre Continental de los Pueblos y Nacionalidades Indígenas de Abya Yala realizada em Quito em 2004. Note-se que na I Cumbre, realizada no México no ano 2000, a expressão Abya Yala ainda não fôra invocada como se pode ler na Declaracion de Teotihuacan quando se apresentam como “los Pueblos Indígenas de América reafirmamos nuestros principios de espiritualidad comunitaria y el inalienable derecho a la Autodeterminación como Pueblos Originarios de este continente”. A partir de 2007, no entanto, na III Cumbre Continental de los Pueblos y Nacionalidades Indígenas de Abya Yala realizada em Iximche, Guatemala, não só se auto-convocam como Abya Yala como ainda resolvem constituir uma Coordenação Continental das Nacionalidades e Povos Indígenas de Abya Yala, “como espaço permanente de enlace e intercâmbio, onde possam convergir experiências e propostas, para que juntos enfrentemos as políticas de globalização neoliberal e lutemos pela liberação definitiva de nossos povos irmãos, da mãe terra, do território, da água e de todo patrimônio natural para viver bem”. Pouco a pouco, nos diferentes encontros do movimento dos povos originários o nome América vem sendo substituído por Abya Yala indicando assim não só outro nome, mas também a presença de outro sujeito enunciador de discurso até aqui calado e subalternizado em termos políticos: os povos originários.
A idéia de um nome próprio que abarcasse todo o continente se impôs a esses diferentes povos e nacionalidades no momento em que começaram a superar o longo processo de isolamento político a que se viram submetidos depois da invasão de seus territórios em 1492 com a chegada dos europeus. Junto com Abya Yala há todo um novo léxico político que também vem sendo construído onde a própria expressão povos originários ganha sentido. Essa expressão afirmativa foi a que esses povos em luta encontraram para se autodesignarem e superarem a generalização eurocêntrica de povos indígenas. Afinal, antes da chegada dos invasores europeus havia no continente uma população estimada entre 57 e 90 milhões de habitantes que se distinguiam como maia, kuna, chibcha, mixteca, zapoteca, ashuar, huaraoni, guarani, tupinikin, kaiapó, aymara, ashaninka, kaxinawa, tikuna, terena, quéchua, karajás, krenak, araucanos/mapuche, yanomami, xavante entre tantos e tantas nacionalidades e povos originários desse continente. A expressão indígena é, nesse sentido, uma das maiores violências simbólicas cometidas contra os povos originários de Abya Yala na medida em que é uma designação que faz referência às Índias, ou seja, a região buscada pelos negociantes europeus em finais do século XV. A expressão indígena ignora, assim, que esses outros povos tinham seus nomes próprios e designação própria para os seus territórios. Paradoxalmente, a expressão povos indígenas, na mesma medida em que ignora a differentia specifica desses povos, contribuiu para unificá-los não só do ponto de vista dos conquistadores/invasores, mas também como designação que, a princípio, vai servir para constituir a unidade política desses povos por si mesmos quando começam a perceber a história comum de humilhação, opressão e exploração de sua população e a dilapidação e devastação de seus recursos naturais.
Abya Yala configura-se, portanto, como parte de um processo de construção político-identitário em que as práticas discursivas cumprem um papel relevante de descolonização do pensamento e que tem caracterizado o novo ciclo do movimento indígena, cada vez mais movimento dos povos originários. A compreensão da riqueza dos povos que aqui vivem há milhares de anos e do papel que tiveram e têm na constituição do sistema-mundo tem alimentado a construção desse processo político-identitário. Considere-se, por exemplo, que até a invasão de Abya Yala (América) a Europa tinha um papel marginal nos grandes circuitos mercantis que tinham em Constantinopla um dos seus lugares centrais. A tomada dessa cidade pelos turcos, em 1453, engendrou a busca de caminhos alternativos, sobretudo por parte dos grandes negociantes genoveses e que encontraram apoio político entre as monarquias ibéricas e na Igreja Católica Romana. Desde então, circuitos mercantis relativamente independentes no mundo passam a ser integrado, inclusive constituindo o circuito Atlântico com a incorporação do Tawantinsuyu (região do atual Peru, Equador e Bolívia, principalmente), do Anahuac (região do atual México e Guatemala, principalmente), das terras guarani (envolvendo parte da Argentina, do Paraguai, sul do Brasil e Bolívia, principalmente) e Pindorama (nome com que os tupi designavam o Brasil). O caráter periférico e marginal da Europa era tal que a expressão orientar-se (ir para o Oriente) indicava a relevância do Oriente à época. Assim, é com a incorporação dos povos de Abya Yala e o seu subjugo político, juntamente com o tráfico e a escravidão dos negros africanos trazidos para este continente, que se ensejará a centralidade da Europa. Enfim, o surgimento do sistema mundo moderno se dá junto com a construção da colonialidade. É de um sistema mundo moderno-colonial que se trata, portanto. E é esse caráter contraditório inscrito no sistema mundo moderno, que procura olvidar o seu caráter também colonial, que os povos originários de Abya Yala vêm procurando explicitar na luta “pela liberação definitiva de nossos povos irmãos, da mãe terra, do território, da água e de todo patrimônio natural para viver bem”.
Deste modo, a descolonização do pensamento se coloca como central para os povos originários de Abya Yala. Como bem assinalou Luis Macas, da CONAIE – Coordinadora de las Nacionalidades Indígenas del Ecuador - “nuestra lucha es epistémica e política” onde o poder de designar o que é o mundo cumpre um papel fundamental. Vários intelectuais ligados às lutas dos povos de Abya Yala têm assinalado o caráter etnocêntrico inscrito nas próprias instituições, inclusive no Estado Territorial, cujo eixo estruturante está na propriedade privada e que encontra no Direito Romano seu fundamento. Apesar de sua origem regional européia, os fundamentos do Estado Territorial, inclusive a idéia de espaços mutuamente excludentes, como a propriedade privada, têm sido imposto ao resto do mundo como se fossem universais, ignorando as diferentes formas de apropriação dos recursos naturais que predominavam na maior parte do mundo, quase sempre comunitárias e não mutuamente excludentes. Na América Latina, o fim do colonialismo não significou o fim da colonialidade, como afirmou o sociólogo peruano Aníbal Quijano, explicitando o caráter colonial das instituições que sobreviveram após a independência e que ilumina a declaração de Evo Morales Ayma quando de sua posse na Presidência da República da Bolívia, em 2006, quando afirmara que “é preciso descolonizar o estado”. Para que não se pense que se trata de uma afirmação abstrata, registre-se que os concursos para servidores públicos naquele país eram feitos exclusivamente em língua espanhola, quando aproximadamente 62% da população pensam em quechua, aymara e guarani línguas que falam predominantemente no seu cotidiano. Em países como a Guatemala, Bolívia, Peru, México, Equador e Paraguai, assim como em certas regiões do Chile (no sul, onde vivem aproximadamente um milhão de Araucanos/Mapuches), da Argentina (Chaco norteño) e da Amazônia (brasileira, colombiana e venezuelana) o caráter colonial do Estado se faz presente com todo seu peso. O “colonialismo interno”, expressão consagrada por Pablo Gonzalez Casanova, se mostra atual, enquanto história de longa duração atualizada. Não raro essas regiões são objeto de programas de desenvolvimento, quase sempre de (des) envolvimento, de modernização, quase sempre de colonização (aliás, essas expressões, quase sempre, são sinônimas).
A escolha do nome Abya Yala dos kuna recupera a luta por afirmação dos seus territórios de que os Kuna foram pioneiros com sua revolução de 1925, consagrada em 1930 no direito de autonomia da Comarca de Kuna Yala com seus 320 mil e 600 hectares de terras mais as águas vizinhas do arquipélago de San Blas. A luta pelo território configura-se como uma das mais relevantes no novo ciclo de lutas do movimento dos povos originários que se delineia a partir dos anos oitenta do século passado (Myskitos na Nicarágua) e que ganha sua maior expressão nos anos noventa e inícios do novo século, revelando mudanças profundas tanto do ponto de vista epistêmico como político. Nesse novo ciclo de lutas, ocorre um deslocamento da luta pela terra enquanto um meio de produção, característico de um movimento que se construiu em torno da identidade camponesa, para uma luta em torno do território. As grandes Marchas pela Dignidade e pelo Território de 1990 que foram mobilizadas na Bolívia e no Equador com estruturas organizacionais independentes são marcos desse novo momento. “Não queremos terra, queremos território”, eis a síntese expressa num cartaz boliviano. Assim, mais do que uma classe social, o que se vê em construção é uma comunidade etnopolítica, enfim, é o indigenato (Darci Ribeiro) se constituindo como sujeito político. Considere-se que foi fundamental para essa emergência a tensa luta do povo miskito no interior da Revolução Sandinista na Nicarágua (1979-1989) pela afirmação de seu direito à diferença e à demarcação de seus territórios que, apesar de todo o desgaste que trouxe àquela experiência revolucionária, em grande parte pela colonialidade presente entre as correntes políticas e ideológicas que a lideraram, nos legou uma das mais avançadas legislações sobre os direitos de autonomia dos povos originários, conforme nos informa Héctor Diaz-Polanco.
O levantamento zapatista de 1º de janeiro de 1994 daria grande visibilidade a esse movimento que, ainda que de modo desigual, se espraia por todo o continente ao mostrar, pela primeira vez na história, que os povos originários começam a dar respostas mais que locais/regionais a suas demandas sem que deixem de ser locais/regionais. O protagonismo desse movimento tem sido importante na luta pela reapropriação dos seus recursos naturais como se pode ver em 2000, em Cochabamba, na Guerra del Água e, em 2005, na Guerra do Gás, ambas na Bolívia, mas também entre os araucanos/mapuche, no Chile, na luta pela reapropriação do rio Bio Bio ameaçado pela construção de hidrelétricas, ou ainda na luta contra a exploração petroleira no Parque Nacional de Yasuny, na Amazônia equatoriana, ou na fronteira colombo-venezuelana também na luta contra a exploração petroleira, entre tantos outros exemplos. Esse movimento tem sido fundamental ainda na luta pela preservação da diversidade biológica, em grande parte associada à diversidade cultural e lingüística. A dimensão territorial desse movimento se mostra também no seu protagonismo diante das novas estratégias supranacionais de territorialização do capital, como no caso do Nafta, da Alca e dos TLCs. O movimento zapatista explicitou melhor que qualquer outro esse sentido, ao fazer emergir o México Profundo, poder-se-ia dizer a América Profunda, exatamente no dia em que se assinava o Nafta. O protagonismo do movimento dos povos originários também foi importante na luta contra a Alca e aos Tratados de Livre Comércio que se seguiu à derrota da Alca. Como se vê, a luta pelo território assume um caráter central e numa perspectiva teórico-política inovadora na medida em que a dimensão subjetiva, cultural, se vê aliada à dimensão material – água, biodiversidade, terra. Território é, assim, natureza + cultura, como insistem o antropólogo colombiano Arturo Escobar e o epistemólogo mexicano Enrique Leff, e a luta pelo território se mostra com todas as suas implicações epistêmicas e políticas. Quando observamos as regiões de nosso continente que abrigam a maior riqueza em biodiversidade e em água podemos ver o quão estratégicos esses povos são e tendem cada vez mais a ser diante das novas fronteiras de expansão do capital (Diaz-Polanco, Ceceña e Ornelas).
Abya Yala se coloca assim como um atrator (Prigogine) em torno do que outro sistema pode se configurar. É isso que os povos originários estão propondo com esse outro léxico político. Não olvidemos que dar nome próprio é se apropriar. É tornar próprio um espaço pelos nomes que se atribui aos rios, às montanhas, aos bosques, aos lagos, aos animais, às plantas e por esse meio um grupo social se constitui como tal constituindo seus mundos de vida, seus mundos de significação e tornando um espaço seu espaço – um território. A linguagem territorializa e, assim, entre América e Abya Yala se revela uma tensão de territorialidades.

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RIVERA CUSICANQUI, Silvia s/d Oprimidos pero no vencidos: luchas del campesinado aymara y
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martes, 13 de enero de 2009

Requien por Israel ( en español y portugués)


Boaventura de Sousa Santos

En Palestina está ocurriendo la más reciente y brutal masacre cometida por las fuerzas ocupantes de Israel con la complicidad de Occidente, una complicidad hecha de silencio, hipocresía y una grotesca manipulación de la información que trivializa el horror y el sufrimiento injusto, y que transforma en ocupantes a los ocupados, en agresores a las víctimas y a la provocación ofensiva en legítima defensa.
Pese a que son omitidas por los medios occidentales, las razones son conocidas. En noviembre pasado, violando las treguas, la aviación israelí bombardeó la Franja de Gaza, Hamas propuso renegociar los controles de acceso a la franja, Israel se opuso y todo comenzó. Esta provocación premeditada tenía objetivos de política interna y externa bien definidos: la recuperación electoral de una coalición en riesgo; un ejército sediento de vengar la derrota en el Líbano; un vacío de transición política en los Estados Unidos y la necesidad de crear un hecho consumado antes de la asunción del presidente Obama. Todo esto es obvio, pero no nos permite entender lo ininteligible: el sacrificio de una población civil inocente mediante la comisión de crímenes de guerra y de crímenes contra la humanidad, perpetrados con la certeza de la impunidad.
Es preciso retroceder en el tiempo. No al lejano tiempo de la Biblia hebrea, el más violento y sangriento libro alguna vez escrito. Basta retroceder sesenta años, a la fecha de la creación del Estado de Israel. En las condiciones en que fue creado y después apoyado por Occidente, el Estado de Israel es el más reciente (nunca el último) acto colonial de Europa. De un día para el otro, unos 750 mil palestinos fueron expulsados de sus tierras ancestrales y condenados a una ocupación sangrienta y racista para que Europa expiase el repugnante crimen del Holocausto contra el pueblo judío. Una lectura atenta de los textos de los sionistas fundadores del Estado de Israel revela todo aquello que Occidente, hipócritamente, todavía hoy finge desconocer: la creación de Israel es un acto de ocupación y, como tal, tendrá que enfrentar para siempre la resistencia de los ocupados; nunca habrá paz, cualquier pacificación será siempre aparente, una trampa a ser desarmada (por eso, a cada tratado de paz lo sigue un acto de violación que lo desmiente); para consolidar la ocupación, el pueblo judío tiene que afirmarse como un pueblo superior condenado a vivir rodeado de pueblos racialmente inferiores, aunque eso contradiga la evidencia de que árabes y judíos son todos pueblos semitas; con razas inferiores sólo es posible una relación de tipo colonial, por lo que la solución de los dos Estados es impensable; en su lugar, la solución es la del apartheid, tanto en la región como dentro de Israel (por eso, los colonatos y el tratamiento de los árabes israelitas como ciudadanos de segunda clase); la guerra es infinita y la solución final podrá implicar el exterminio de una de las partes, ciertamente de la más débil.
Lo que pasó en los últimos sesenta años confirma todo esto, pero va mucho más allá. En las dos últimas décadas, Israel procuró, con éxito, secuestrar la política norteamericana en la región, sirviéndose para eso del lobby judaico, de los neoconservadores y, como siempre, de la corrupción de los líderes políticos árabes, rehenes del petróleo y de la ayuda financiera norteamericana. La guerra de Irak fue un anticipo de Gaza: la lógica es la misma, las operaciones son las mismas, la desproporción de la violencia es la misma; hasta las imágenes son las mismas, y es de prever que también el resultado sea el mismo. Y no se fue más lejos porque, mientras tanto, Bush se debilitó. ¿No pidieron los israelíes autorización a los Estados Unidos para bombardear las instalaciones nucleares del Irán?
Hoy es evidente que el verdadero objetivo de Israel, la solución final, es el exterminio del pueblo palestino. ¿Tienen los israelíes noción de que la shoah con que su viceministro de Defensa amenazó a los palestinos podría también victimizarlos ? ¿No temen que muchos de los que defendieron la creación del Estado de Israel hoy se pregunten si, en estas condiciones -y, repito, en estas condiciones-, el Estado de Israel tiene derecho de existir?

TRADUCCION: Javier Lorca


Versión original en Portugués:
¿Requiem por Israel?

Está a ocorrer na Palestina o mais recente e brutal massacre do povo palestiniano cometido pelas forças ocupantes de Israel com a cumplicidade do Ocidente, uma cumplicidade feita de silêncio, hipocrisia e manipulação grotesca da informação, que trivializa o horror e o sofrimento injusto e transforma ocupantes em ocupados, agressores em vítimas, provocação ofensiva em legítima defesa.
As razões próximas, apesar de omitidas pelos media ocidentais, são conhecidas. Em Novembro passado a aviação israelita bombardeou a faixa de Gaza em violação das tréguas, o Hamas propôs a renegociação do controle dos acessos à faixa de Gaza, Israel recusou e tudo começou. Esta provocação premeditada teve objectivos de política interna e internacional bem definidos: recuperação eleitoral de uma coligação em risco; exército sedento de vingar a derrota do Líbano; vazio da transição política nos EUA e a necessidade de criar um facto consumado antes da investidura do Presidente Obama. Tudo isto é óbvio mas não nos permite entender o ininteligível: o sacrifício de uma população civil inocente mediante a prática de crimes de guerra e de crimes contra a humanidade cometidos com a certeza da impunidade.
É preciso recuar no tempo. Não ao tempo longínquo da bíblia hebreia, o mais violento e sangrento livro alguma vez escrito. Basta recuar sessenta anos, à data da criação do Estado de Israel. Nas condições em que foi criado e depois apoiado pelo Ocidente, o Estado de Israel é o mais recente (certamente não o último) acto colonial da Europa. De um dia para o outro, 750.000 palestinianos foram expulsos das suas terras ancestrais e condenados a uma ocupação sangrenta e racista para que a Europa expiasse o crime hediondo do Holocausto contra o povo judeu. Uma leitura atenta dos textos dos sionistas fundadores do Estado de Israel revela tudo aquilo que o Ocidente hipocritamente ainda hoje finge desconhecer: a criação de Israel é um acto de ocupação e como tal terá de enfrentar para sempre a resistência dos ocupados; não haverá nunca paz, qualquer apaziguamento será sempre aparente, uma armadilha a ser desarmada (daí, que a seguir a cada tratado de paz se tenha de seguir um acto de violação que a desminta); para consolidar a ocupação, o povo judeu tem de se afirmar como um povo superior condenado a viver rodeado de povos racialmente inferiores, mesmo que isso contradiga a evidência de que árabes e judeus são todos povos semitas; com raças inferiores só é possível um relacionamento de tipo colonial, pelo que a solução dos dois Estados é impensável; em vez dela, a solução é a do apartheid, tanto na região, como no interior de Israel (daí, os colonatos e o tratamento dos árabes israelitas como cidadãos de segunda classe); a guerra é infinita e a solução final poderá implicar o extermínio de uma das partes, certamente a mais fraca.
O que se passou nos últimos sessenta anos confirma tudo isto mas vai muito para além disto. Nas duas últimas décadas, Israel procurou, com êxito, sequestrar a política norte-americana na região, servindo-se para isso do lobby judaico, dos neoconservadores e, como sempre, da corrupção dos líderes políticos árabes, reféns do petróleo e da ajuda financeira norte-americana. A guerra do Iraque foi uma antecipação de Gaza: a lógica é a mesma, as operações são as mesmas, a desproporção da violência é a mesma; até as imagens são as mesmas, sendo também de prever que o resultado seja o mesmo. E não se foi mais longe porque Bush, entretanto, se debilitou. Não pediram os israelitas autorização aos EUA para bombardear as instalações nucleares do Irão?
É hoje evidente que o verdadeiro objectivo de Israel, a solução final, é o extermínio do povo palestiniano. Terão os israelitas a noção de que a shoah com que o seu vice-ministro da defesa ameaçou os palestinianos poderá vir a vitimá-los também? Não temerão que muitos dos que defenderam a criação do Estado de Israel hoje se perguntem se nestas condições—e repito, nestas condições—o Estado de Israel tem direito de existir?

Las caídas del muro y la calle. Walter Mignolo


La caída de la “Calle Wall” (Wall Street) reproduce, casi veinte años después, la caída del “Muro de Berlín” (Berlin Wall, en inglés). En realidad, el paralelo no debe sorprender. Ambos, el “capitalismo real” y el “socialismo real”, son hijos mellizos herederos de la Ilustración y de la secularización en la historia de Occidente. Inicialmente nacieron el Estado-nación secular y el capitalismo industrial (precedido el primero por el Estado monárquico-teológico y el segundo por el capitalismo monopolista controlado por España) y librecambista (abierto y controlado por Inglaterra). El socialismo (con Saint-Simon y luego con Marx) nació después. Las caídas invirtieron la cronología. Primero se derrumbó el “socialismo real” y luego el “capitalismo real”. Ambos quedaron maltrechos. De modo que alimentar hoy las esperanzas de que el espíritu del socialismo puede resurgir de los escombros del capitalismo real es tan ficticio como pensar que el espíritu del capitalismo puede resurgir después de su propio suicidio.No obstante, “¿cómo salvar el capitalismo?” es una pregunta que genera recetas de todo tipo. Pues en este escenario hay dos cuestiones paralelas y complementarias para considerar en vista de los derroteros de los futuros globales. Propongo dos asuntos para contribuir a pensar esos futuros:(a) El primero es la naturalidad con que académicos y periodistas se abocaron a pensar cómo salvar el capitalismo. A nadie –que yo sepa– se le ocurrió pensar que la cuestión no es salvar al capitalismo, sino a la humanidad. Si el capitalismo u otro tipo de economía es más conducente al propósito de salvar a la humanidad del hambre y de la explotación, es la verdadera cuestión a debatir. La economía capitalista opera sobre el principio de que la acumulación de ganancias conduce al desarrollo y al crecimiento, y que ambos son beneficiosos para todos. Opera también sobre el mito liberal de que la sociedad organizada sobre la base de una economía capitalista promueve la invención y que la invención motiva a la humanidad y la empuja hacia la búsqueda de un futuro cada vez mejor; hacia la felicidad, en suma. La biotecnología, hoy, construye su imagen sobre este lema: “La búsqueda de la felicidad”. Desde esta perspectiva, la única pregunta válida es “¿cómo salvar al capitalismo?” de sus malos momentos: la legal ilegitimidad de los ejecutivos de Wall Street –nadie fue preso por la debacle– y la necesidad de la guerra para defender al capitalismo del “eje del mal”.(b) Si en vez de salvar el capitalismo el objetivo es salvar a la humanidad, la pregunta sería “¿salvar a la humanidad de qué?”. La respuesta perversa sería “del capitalismo”. Una respuesta más conciliadora sería “del hambre, de la inseguridad económica, de millones de personas sin la salud asegurada, sin posibilidades de educación, millones de personas privadas de agua –o bien porque es propiedad privada, o bien porque, por ejemplo, las compañías privadas de explotación minera emplean billones de litros para separar la paja del trigo, los minerales buscados de la piedra que los envuelve–”. De modo que si el objetivo es salvar la vida –esto es, la regeneración por sobre el reciclaje de la biotecnología y la biología sintética–, pues la economía capitalista no es quizá la mejor manera de hacerlo.En el caso (a) se pone el carro delante de los bueyes: primero las instituciones, después la sociedad y la regeneración –natural– de la vida. En el caso (b) se ponen los bueyes delante del carro: primero la vida humana y la regeneración de la vida en el planeta, luego las instituciones que mejor conduzcan y guíen hacia esos objetivos.En el primer caso se trata de una economía que promueve la acumulación; en el segundo, de una economía que –como la etimología de la palabra lo indica– administra la escasez. Sin duda, David Ricardo andaba cerca de hacer tal propuesta. Sólo que, para Ricardo, la administración de la escasez dependía del principio capitalista de acumulación. La versión actual de Ricardo son instituciones como el Banco Mundial y el Earth Institute (en la Universidad de Columbia, dirigido por Jeffrey Sachs). En esta versión no se trata de una economía que administre la escasez, sino de mantener la economía de tipo capitalista que –generosamente– haga lo posible por mantener trabajadores que, al mismo tiempo, son consumidores.Pensar instituciones económicas y gubernamentales –estatales o no–, que administren la escasez, que aseguren el agua y la alimentación, la salud y la educación, no puede ya estar solo en manos de un pensamiento socialista, sino más bien –y también– de un pensamiento descolonial. Tanto el capitalismo real como el socialismo fueron organizaciones sociales imperiales/coloniales. Ambas guardan la memoria de un pensamiento basado en universales abstractos. Entre la caída del “capitalismo real” y del “socialismo real” comienza a levantarse el espectro de lo que ambos reprimieron y apabullaron: el espectro de la descolonialidad, de futuros globales ni universalmente capitalistas, ni universalmente socialistas, ni universalmente islámicos ni cristianos, sino futuros globales pluriversalmente configurados. Esto es, literalmente, la construcción de un mundo en el que quepan muchos mundos.* Director del Centro de Estudios Globales y Humanidades de la Universidad de Duke (EE.UU.), investigador de la Universidad Andina Simón Bolívar (Ecuador).
PAGINA 12, el 13 de enero de 2009