Ya hace un tiempo – más obviamente después de la caída del muro de Berlín y los atentados del 9/11 – los disursos eurocéntricos parecen tener un nuevo centro de atracción en el marco de una búsqueda de identidad (europea, cristiana). Veo esa tendencia en varios campos: de un lado en discusiones sobre la representación de lo que se clasifica como culturas extraeuropeas y al nivel de la representación de los países por los medios de masas hegemónicos. En el primer nivel en el caso de Alemania se trata por ejemplo de discursos sobre el planeado Humboldt Forum. La referencia a Humboldt ya indica la dirección del proyecto: es diseñado como un centro cultural en un castillo reconstruído en estilo barroco que contiene sobre todo un museo de una colección extra-europea, así continuando la mirada imperial. Como ya mostró la exposición Die Tropen [El Trópico], en sí un concepto muy eurocéntrico refiriéndose a un otro no definido, refiriéndose a países tan distintas como (Ghana, Vietnam y Brazil). Es una mirada que el celebrado Humboldt ayudó a instalar presetando los países que visitó como naturaleza salvaje y gigante de la que la gente formaba parte siendo sólo objetos de desponibilidad sin agencia histórica. Ese mismo concepto muestra la falta de autoreflexión crítica y la falta de inclusión de voces y de formas de autorepresentación de los allí presentados (empezando por los curadores). Otro ejemplo de la intacta postura colonial sería la manera en la que los medios de masas representan al presidente Evo Morales (casi siempre como infantilizado y exótico presidente Indio sin mucha referencia al contenido de su política). Aunque a veces se muestren ciertos gestos postcoloniales, los debates se mueven fuera de una idea decolonial. No quiero aburrirles con estas historias ni (dis)traer la atención otra vez al centro europeo. Pero quise elaborar cuán importante me parece transferir e implementar lo acá discutido a estos espacios.
Es decir que, viniendo del autoreclamado centro me interesa pensar y discutir cómo podemos contribuir a decolonizar el pensamiento crítico hegemónico y crear un espacio donde entremos en un verdadero diálogo. Eso significa la reinscripción de las experiencias y perspectivas estructuralmente excluídas así como la deconstrucción de oposiciones binarias (como occidente-oriente, cultura-naturaleza, civilización-barbarie/desarrollo) y el cuestionamente autocrítico de las posiciones hegemónicas. Gabriele Dietze – intentando adapar los conceptos de Occidentalism (Mignolo) y Critical Whiteness (Morrison et.al.) al contexto alemán – propone el concepto de un Occidentalismo Crítico [kritischen Okzidentalismus] como figura de autoreflexión crítica a la hegemonía que nombra como condición de la posibilidad de una política que quiere evitar asimetrías de poder [Bedingung einer Möglichkeit, die Machtasymmetrien vermeiden will]. ¿Cómo podemos imponer o llevar adelante posiciones occidentales críticas que no se reduzcan a un gesto autoreflexivo, sino que abran un camino al reconocimiento de saberes hasta ahora silenciados y marginalizados?
Las perspectivas y estratégicas acá presentes forman una parte básica en eso. Como lo expresó Walther Mignolo, para la decolonización intelectual [intellectual decolonization] y la creación de un tercer lugar epistemológico [a third epistemological space] se necesitan saberes subalternos [subaltern knowledges] y pensamientos de fronteras [border thinking]. Mi experiencia comprueba esa tésis. Todavía tengo que hacer mucho esfuerzo para decolonizar mi propia persepectiva. Pero sin las intervenciones de voces subalternas y de espacios y de personas que contaron, publicaron y enseñaron y dándome aceso a estos saberes, yo hoy probablemente no estaría acá. Probablemente seguiría cantando canciones gloriosas a Colón o rezando las teorias de Kant y Hegel o los textos de Humboldt sin relfexión crítica por falta de conocimiento decolonial. Así estoy ansiosa de conocer diversas perspectivas nuevas y nuevos pensamientos y a pensar maneras de hacerlos conocidos también al otro lado del Atlántico, para que las celebraciones y reflexiones bicentenarias resulten polifónicas.
Julia Roth, Berlín
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